Desayuno sin diamantes |
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Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. Con la suerte en los talonesAyer tarde fui a gastarme los cuartos a una tienda de ropa en un centro comercial atestado de gente cuales hormigas en hormiguero. En ello estaba cuando acabé en la cola, justo detrás de una hermana de una amiga de mi hermana. Ella va a pagar cuando la dichosa rubia de la caja le da la buena noticia: “hey, tu compra gratis!”. Ja, sólo pude reírme, yo, justo detrás pensando que casi me toca a mí. Por qué poco! Me hace la cuenta y sí, pago, más del doble que hubiera pagado ella. En fin. Estoy en buen camino. CaminoTampoco hace falta madrugar mucho para encontrarse sola en la calle. Me gustan estas mañanas frescas y límpidas de abril y mayo, en las que, a lo sumo, me cruzo un par de minúsculos perros con un dueño y sus ojeras tras una esquina. Callejear en esta ciudad se ha vuelto bastante cotidiano para mí, a pesar de que nunca disfruté al andar. Pero las cosas cambian. Algunas. Suelo pasar cuando voy hacia el archivo (o cuando voy a cualquier sitio: me permito hacer rodeos largos con tal de pasar por ahí) frente a una casa en ruinas que parece que me mira desde sus balcones abiertos sin cristales. Palomas que no dejan de arrullar ni un segundo y gatos medio dormidos desperdigados por los escalones. Y un par de palmeras. Y ramajes que pretenden cruzar la oxidada verja. Esa es mi parte favorita del recorrido. Luego un par de plazas atestadas de flores como si sólo allí estuviera permitido que crecieran de todo el mundo. Más calles empedradas vacías y empiezo a divisar unas cuantas zapaterías cercanas. En ese momento es cuando aligero el paso, porque me veo yo allí, reflejada en los escaparates, en una parte de la ciudad eternamente silenciosa y todos esos zapatos ahí esperando, como dispuestos a dar una patada al cristal, romperlo y echar a correr tras de mí. No, jamás tendría una zapatería. Esos zapatos me dan mucho más miedo que los pájaros. EstilosHay un semáforo que me lo pone difícil, cada vez que tengo que cruzarlo. Se pasa rápido y tengo que correr como si fuera en diligencia (pero sin caballos). Sin embargo hoy, me he cruzado con una pareja que cruzaba tan tranquila, como si no fuera con ellos. Y ellos con una gran sonrisa. Él, un señor negro, copia perfecta de Samuel L. Jackson en Tiempo de matar, a su lado, una señora blanca, recién salida de la peluquería, como Laura Valenzuela en algo así como Pierna creciente... intentándoselo ligar. Tierra para ver el cieloEs tiempo de cerezas me digo intentándome distraer para dejar de pensar en todo lo que he oído esta semana. Hago el mismo recorrido en coche, porque lo hago cada cuatro o cinco días, desde siempre y lo seguiré haciendo, como en un camino que no acaba y siempre es igual. Y pienso en qué pensaría él y en por qué no habló. Pero eso también lo piensa su madre. Y todos. Un revuelo causado por él pero del que no participó. *** Lo que dejo atrás Casi treinta kilómetros. Silencio en mi cabeza. Silencio para mí. Mi boca cerrada. Sólo motores de coches con gente que no me mira. Semáforos que están en rojo o en verde, o qué más da. Gente que habla, que ríe. Olores de comida desde cada una de las ventanas. Como la de mi madre. Mi madre. Sol que anuncia la entrada a otra dimensión de la que no sé nada. A lo lejos. Se acerca. Me acerco. ¿Por qué no hay tiempo? El ruido de mi moto. Amapolas y flores amarillas del campo. El olivar quemado. Partidos de fútbol desde las gradas. El color verde. Mayo que se pone tan cuesta arriba, más que ningún otro mayo, más que ningún otro día. Más que nunca. Mis zapatillas de deporte. Los videojuegos que no toqué. Los días que he decidido no vivir, no probar. Sitios a los que no iré. Se me hunde la cabeza de tanto pensar. ¿Por qué no hay tiempo?. La gasolinera y ese camión repostando como el de mi padre. Mi padre. Pero no me detengo. ¿Cuándo decidí esto? Caballos pastando como si no fuera con ellos. Un coche rojo que se vende y yo que nunca tendré carnet de conducir. Nunca tendré nada. Hombres que trabajan y no se preocupan de verme. La fiesta de ayer. El plato de calamares que compartí con mi hermana. Sus rizos negros. Los míos. El mundo a lo lejos. ¿Cuándo decidí esto?. Árboles con ramas largas que se agitan, negándolo todo. Miro el suelo. La hierba. La última vez. *** Mi primo, de diecisiete años, se suicidó una mañana de esta semana. Ante el desconcierto y el pánico, lo peor, lo peor, es no saber por qué. Cuento corto basado en hechos realesEsta tarde, en la calle, me dieron ganas de enamorarme. Pero, al poco rato, se me pasó. Por ejemplo:O ¿cómo se llama esa sensación que sientes que algo ocurre de un modo imprevisto e inesperado, pero que cuando lo piensas en frío, cada circunstancia y cada hecho insignificante del día, del mes, del año, de siempre, parece que te ha ido acercando definitivamente a ese algo? Diferencias demostrablesEsta madrugada he descubierto que no sólo hay japonesas que bailan flamenco mejor que yo -de hecho, yo ni bailo- sino que hay americanas que viven la fiesta con mucha más pasión -de hecho, yo ni le pongo-. |